Una antena de 34 metros

—Es alucinante, ¿verdad, Ven?

—A mí me recuerda a Wall-e, Sal.

—Sí, es verdad —reconoció el gafotas —Se parece. Me encantaría estar allí en Marte…

—¿No te da un poco de yuyu? —preguntó el pequeño

—Qué va… Me encantaría… Mandando mis descubrimientos a la Tierra…

—Una cosa, Sal, si el Curiosity está tan lejos, ¿cómo nos manda los resultados de sus experimentos?

Sal quedó sin saber qué responder a su hermano, con la mirada perdida en algún punto de su universo. Ninguno de los dos sabía qué decir.

—¡Creo que lo tengo! —dijo Sal —¡Se comunica con nosotros con ondas electromagnéticas porque esas sí que pueden viajar por el vacío!

—¡Toma! ¡Es verdad! —exclamó Ven —Pero… deben tener una antena muy grande, porque Marte está muy lejos —añadió.

—Huy, y estos chicos tan concentrados —Mister Green acababa de llegar —¿qué están pensando?

—Mister Green, ¿cómo manda el Curiosity la información a nuestro planeta? —preguntó Ven.

— Yo creo que es por ondas electromagnéticas —dijo Sal.

—¡Muy bien! Son ondas electromagnéticas.

—Pero… ¿dónde está la antena? —preguntó Ven.

Mister Green cogió un globo terráqueo, se sentó en el suelo junto a Sal y Ven y dio respuesta a sus preguntas.

—El Curiosity se comunica a través de ondas de radio y la Red de Espacio Profundo de la NASA se encarga de recibir estas ondas —les dijo.

—¿Ondas de radio? ¿Igual que la FM que escuchamos en el coche? —preguntó Sal.

—Sí, como esas —respondió Mister Green. —Entonces… ¿desde el coche podemos escuchar al Curiosity? —preguntó Ven.

—No, porque la radio del coche recibe frecuencias de ondas desde los 88 MHz hasta los 108 MHz, mientras que el Curiosity envía sus datos en una frecuencia de Banda X, que va desde los 8 GHz hasta los 12 GHz. Además, necesitaríamos una antena muy grande porque el Curiosity está muy lejos.

—¡Te lo dije! —dijo Ven con orgullo.

Mister Green siguió con su explicación.

—En nuestro planeta hay 3 estaciones de la NASA que forman la red que os he dicho antes. Una de las estaciones está en Barstow (Estados Unidos), otra en Canberra (Australia) y la última… ¡en España!

—¡Mola! ¿Y dónde está? —dijo Sal.

—Está en un pueblo de Madrid llamado Robledo de Chavela —respondió Mister Green mientras señalaba los 3 puntos en el globo terráqueo.

—Con estas tres estaciones nos aseguramos de que al menos una de ellas esté mirando a cualquier punto del Sistema Solar.

—¿Y la Agencia Espacial Europea también tiene antenas? —preguntó Ven.

—¿La ESA? ¡Claro! Tiene dos, una en Perth (Australia) y otra en…

—¡España! — exclamó Sal.

—¡Sí, en España! —añadió Mister Green —en un pueblo de Ávila que se llama Cebreros.

—¿Sólo tiene dos? —preguntó Ven con penita.

—Sí, aunque se están planteando instalar una nueva antena. De todos modos, existen colaboraciones entre la NASA y la ESA.

—¿La NASA y la ESA son amigos? —preguntó Sal extrañado.

—¡Claro! Las misiones espaciales son muy caras y tienen que trabajar juntos si quieren que todo salga bien —respondió Mr. Green.

—Como nosotros, Sal —dijo Ven abrazando a su hermano —Pero ¿cómo son las antenas?

—Pues no son como las del coche. Son antenas parabólicas —respondió Mister Green.

—Y esas parabólicas serán más grandes que las de la tele, ¿a que sí? —dijo Sal.

—¡Sí! Muchos más grandes —dijo Mister Green.

Mati apareció y se sentó junto a ellos, Gauss aprovechó para dejarse mimar por la pelirroja.

—¿He oído parábolicas? ¿Sabéis que las parabólicas son unas superficies que se estudian en Geometría? —dijo Mati.

— ¿Y qué tienen de especial las parabólicas? —preguntó Sal.

—Las parabólicas son una sección de un paraboloide y cuando le llega un haz de rayos paralelos, los refleja en el foco —les dijo ella.

—¿Y qué tiene que ver eso con el Curiosity? —añadió Ven.

—Como el Curiosity está tan lejos, las ondas electromagnéticas que nos envía, aquí en la Tierra las podemos aproximar a rayos paralelos, y cuando la parábola está apuntando al Curiosity, estos rayos se reflejan todos en el foco, y ahí es donde está el receptor y así podemos recibir todo lo que envía —respondió Mati.

—¡Qué guay! —exclamaron Sal y Ven al unísono.

—Y además de recibir, desde esas antenas también podemos enviarle órdenes al Curiosity y así comunicarnos con él —añadió Mr. Green.

—¡Toma, toma, toma!¡Cómo mola! —exclamó Ven.

—¿Y sabéis qué es lo mejor? —preguntó Mr. Green.

Sal y Ven miraron a su amigo con impaciencia.

—En Robledo de Chavela hay una antena de 34 metros de diámetro que la NASA ya no utiliza y ahora se usa para enseñar a los estudiantes cómo funciona un radiotelescopio.

—¿Y podemos usarla? —preguntó Sal entusiasmado.

—¡Claro! ¡Pero tendréis que esperar a estar en secundaria o bachillerato! Es un proyecto que se llama PARTNeR (Proyecto Académico con el RadioTelescopio de NASA en Robledo) y si queréis ir viendo en qué consiste, podéis encontrar más información en esta “página”:http://partner.cab.inta—csic.es/. Pero antes tendréis que hablar con vuestros profesores, porque ellos tienen que recibir un curso de formación.

—¡Me encanta! ¡A mí ya me queda muy poco para poder participar! —dijo Sal.

—Además, como son ondas de radio, se puede manejar durante el día y no hay que esperar a la noche —añadió Mr. Green.

Sal y Ven quedaron boquiabiertos, no sabían qué decir.

—¿Qué se puede hacer con ese radiotelescopio? —preguntó Mati.

—¡Muchas cosas! —respondió Mr. Green —Se puede ver el campo magnético de Júpiter, que tiene forma de donut, se pueden estudiar nubes moleculares que hay en el espacio, se puede hacer un radiomapa del centro de nuestra galaxia y se pueden observar uno de los objetos que más me gustan: ¡los restos de una supernova! —les contó.

—¡Yo quiero ver una supernova! —dijo Sal.

—Toma, ¡y yo! —añadió Ven.

Mr. Green cogió una pequeña bola de plomo de las que se utilizan para pescar y un pequeño adorno de plata. Se los dio a Sal y Ven.

—Todos los elementos químicos de la tabla periódica que vienen después del hierro, se formaron en las explosiones de supernova —les contó.

Sal y Ven miraron a Mr. Green extrañado.

— Lo que tenéis en la mano es un trozo de plomo y un trozo de plata. Los átomos que lo forman no se formaron aquí en la Tierra, sino durante la explosión de una supernova. Ahora estáis tocando los restos de una explosión de supernova —añadió Mr. Green.

—Todos estamos formados por restos de la explosión de una supernova… —añadió el pequeño Ven con los ojos brillantes.

Durante unos segundos nadie dijo nada, se habían quedado sin palabras… Gauss, aprovechó para recordar su pasado estelar… él es así.

FIN

Pues sí, hoy también hemos tenido el honor de que “Mr. Green”:https://twitter.com/aperezverde nos visite y nos cuente esta historia maravillosa sobre el planeta rojo. Si quieres aprender más cosas con él, con Mr.Green, te recomiendo que te des un paseo por “su blog”:http://lospilaresdelaciencia.blogspot.com.es/, te va a encantar.

Volvemos pronto con más historias, no dejéis de mirar al cielo… ni de soñar.

MATI

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